EL ACIERTO DE LA FLECHA ES COMO LA DULZURA DE UN BESO

Pablo, siempre una fuente inagotable de buenas reflexiones, me explicaba, al sol de la tarde, en ese momento entrañable donde todos aunamos esfuerzos por montar parapetos (parece mentira que nos hagamos los remolones, como recordaba Maribel, que primero es montar parapetos y después arcos y al finalizar lo mismo: primero desmontar parapetos y después, pues eso, arcos; los que no lo hagan se pueden perder el calor de la buena convivencia y enseñanzas de valor inapreciable) que este es un deporte minoritario porque no sabemos explicar lo que se siente cuando una flecha alcanza los setenta o los noventa metros. Que esto no es como el fútbol que es más atractivo para el que lo ve; aquí se puede aburrir contemplando los disparos, desconocen todos los recursos que se ponen en marcha para que un objeto, alargado y con colores  en un extremo, alcance  un blanco.

Es verdad, es tan hermoso  lo que sentimos cuando una flecha se dispara en una soleada tarde de primavera, que cuando lo narramos  a los oídos inexpertos les suena a inverosímil. Como creer que la mirada vuela con la flecha, que el corazón vuela con la flecha, que la mente rasga el aire con la flecha; que un blanco perfecto es un torrente de alegría que invade todo el espíritu del arquero; que esa experiencia puede ser similar a un primer beso con la enamorada o un sentido y profundo y prolongado beso de la compañera o del enamorado esposo. Como explicar que cada blanco perfecto te hace brincar por dentro si eres tímido y hasta por los aires si no tienes complejos; que es casi mejor o igual que un regalo en un día de reyes; o quizás aún mejor, es como si en un solo día pudieras alcanzar felicitaciones encadenadas, como si pudieras cumplir años sin límite o infinitos cumpleaños. Algo de infinito tienen la intensidad de esos momentos y, por supuesto, mucha intensidad la tensión del instante, de los intensos segundos en que preparas la flecha para la elegante danza del vuelo, y la mirada que se coloca alas, y alas en el aliento para que no yerre el trayecto.

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