RETRATOS DE PALABRAS

A veces olvidamos quien fue el que nos abrió la puerta. El que, sin importar el tiempo y la paciencia, nos miró con la comprensión preparada como barco que ayuda a cruzar el océano de la ignorancia. Nadie pidió compensación alguna, nadie extendió la mano sino fue para estrechártela como signo de felicitación. No merece la pena recordar el mensaje del refrán -enseñanza del “Quijote”-: “Es de bien nacidos el ser agradecidos”. Unos más que otros, todos tuvimos y tenemos un maestro que nos ayudó  y ayuda en el difícil prosperar en el deporte del tiro con arco; pero que rápido se nos pasó, se nos olvidó, se nos olvida quién  fue el que arrimó el hombro. Todo lo damos por merecido, pensando que tenemos derecho a colgarnos esfuerzos que otros hicieron, dejando sus horas desgajadas, despejando caminos que de manara fácil, saltarina y despreocupada los demás transitamos, muchas veces con la crítica como única bandera.

En esos hombres y mujeres, compañeros de ilusiones, pienso cuando trazo estas líneas:

          Adusto en el gesto, sin querer, enérgico y rotundo como roca o montaña que oculta la fuente cristalina de una sensibilidad excesiva; si excesiva puede ser la entrega generosa, o el cariño, o la pasión en el amor a las personas, y las cosas que se quieren hacer bien. No cabe tanta ilusión en figura tan grande, por ello, lo que aparenta ser duro es suave y ligero como la piel de un niño, de un infante con la inquietud por arrobas de la que impregna todo lo que toca o a todo aquel que se le acerca con la buena fe por delante.

          Es una estaca clavada en el muelle de la ayuda -a la izquierda como noble anclaje- donde amarrar nuestras dudas o nuestros miedos, lugar donde quedarnos a cubierto en este complejo mundo de un deporte con demasiados flecos sueltos, sujetos a los  aires y vaivenes de los intereses. Sí, clavada a la izquierda, el lugar donde asiste el corazón a los nobles, a  los buenos, a los positivos sentimientos.

          Cuaja en él la inteligencia justa, la imposible de medir, la grande y necesaria para hacer de una alta figura un hombre; Sí, todo un hombre a secas es la persona de la que hablo: Miguel Ángel Guijarro.

Miguel Angel Guijarro

Autor: Manuel Muñoz Moreno

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