Elisa Buitrón, cálida alegría en el campo de tiro con arco

La tensión es inherente al deporte, sea cual sea éste. Es posible (digo que sólo es posible, no deseo malas interpretaciones) que los deportes que necesitan de equipos, estás tensiones tienden a ser menores por el apoyo de unos a otros. En el caso del tiro con arco, la tensión la sufre integra el arquero: es tan grande, a veces, que muchos compañeros han perdido puestos o competiciones por sumirse en “estados nerviosos”.

Es un deporte duro en este sentido y sobre todo por la cadencia o el ritmo o la secuencia de la que va impregnada la actividad. De ahí que se aprecie en grado sumo a las personas que al practicarlo son capaces de impregnar de alegría el ambiente (como soy un negado para ello lo aprecio, tal vez, mucho más) como lo hace María Elisa Buitrón Gijón: es la cálida alegría repartiéndola como suave, liviana lluvia a los largo y ancho del campo de tiro; su menuda figura alienta una risa diáfana, transparente, como una catarata de fino cristal pero irrompible.

Los gestos nos transmiten información que las palabras necesitarían cientos de líneas en explicar u horas de charla. Así, Elisa con sus movimientos ágiles y sencillos, además de transmitir unos deseos enormes de vivir intensamente, nos induce a que atrapemos el instante en que estamos, la hora en la que actuamos, el día en el que vivimos con una corriente vital tan fuerte como si nos estuviera diciendo: atrapa el momento, no esperes, no te fíes del que viene, y, en ello va la carga de profundidad de un pensamiento firme o dicho de otra manera, realista, o, como tenemos por costumbre decir: “es una mujer que lo transmite con los pies en la tierra”. Sabemos o, saben los que más la han tratado, que siempre es consciente de lo que se trae entre manos. Si a esta cualidades, ya de por sí suficientes, le añadimos que está enriquecida por una fuente de sensibilidad especial que la hace generosa en la delicadeza al tratar con los que compartimos su  actividad deportiva, puedo afirmar que es capaz de convertir,  en  hacer mas hermosos, más mágicos los lugares (todos los lugares pueden ser mágicos, o tienen algo de magia; pero lo aumentan más las personas que los habitan)  por los que pisa y los momentos en los que está, lo que, aunque ella no quiera, la hace un poco imprescindible, se la hecha de menos , se la necesita.

El cuadro del deporte del tiro con arco, sin Elisa, está empobrecido: les faltan los colores cálidos y fuertes que lo hacen atractivo, bonito, hermoso.

                                                 Autor: Manuel Muñoz Moreno

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