RETRATOS DE PALABRAS

A veces olvidamos quien fue el que nos abrió la puerta. El que, sin importar el tiempo y la paciencia, nos miró con la comprensión preparada como barco que ayuda a cruzar el océano de la ignorancia. Nadie pidió compensación alguna, nadie extendió la mano sino fue para estrechártela como signo de felicitación. No merece la pena recordar el mensaje del refrán -enseñanza del “Quijote”-: “Es de bien nacidos el ser agradecidos”. Unos más que otros, todos tuvimos y tenemos un maestro que nos ayudó  y ayuda en el difícil prosperar en el deporte del tiro con arco; pero que rápido se nos pasó, se nos olvidó, se nos olvida quién  fue el que arrimó el hombro. Todo lo damos por merecido, pensando que tenemos derecho a colgarnos esfuerzos que otros hicieron, dejando sus horas desgajadas, despejando caminos que de manara fácil, saltarina y despreocupada los demás transitamos, muchas veces con la crítica como única bandera.

En esos hombres y mujeres, compañeros de ilusiones, pienso cuando trazo estas líneas:

          Adusto en el gesto, sin querer, enérgico y rotundo como roca o montaña que oculta la fuente cristalina de una sensibilidad excesiva; si excesiva puede ser la entrega generosa, o el cariño, o la pasión en el amor a las personas, y las cosas que se quieren hacer bien. No cabe tanta ilusión en figura tan grande, por ello, lo que aparenta ser duro es suave y ligero como la piel de un niño, de un infante con la inquietud por arrobas de la que impregna todo lo que toca o a todo aquel que se le acerca con la buena fe por delante.

          Es una estaca clavada en el muelle de la ayuda -a la izquierda como noble anclaje- donde amarrar nuestras dudas o nuestros miedos, lugar donde quedarnos a cubierto en este complejo mundo de un deporte con demasiados flecos sueltos, sujetos a los  aires y vaivenes de los intereses. Sí, clavada a la izquierda, el lugar donde asiste el corazón a los nobles, a  los buenos, a los positivos sentimientos.

          Cuaja en él la inteligencia justa, la imposible de medir, la grande y necesaria para hacer de una alta figura un hombre; Sí, todo un hombre a secas es la persona de la que hablo: Miguel Ángel Guijarro.

Miguel Angel Guijarro

Autor: Manuel Muñoz Moreno

EL ACIERTO DE LA FLECHA ES COMO LA DULZURA DE UN BESO

Pablo, siempre una fuente inagotable de buenas reflexiones, me explicaba, al sol de la tarde, en ese momento entrañable donde todos aunamos esfuerzos por montar parapetos (parece mentira que nos hagamos los remolones, como recordaba Maribel, que primero es montar parapetos y después arcos y al finalizar lo mismo: primero desmontar parapetos y después, pues eso, arcos; los que no lo hagan se pueden perder el calor de la buena convivencia y enseñanzas de valor inapreciable) que este es un deporte minoritario porque no sabemos explicar lo que se siente cuando una flecha alcanza los setenta o los noventa metros. Que esto no es como el fútbol que es más atractivo para el que lo ve; aquí se puede aburrir contemplando los disparos, desconocen todos los recursos que se ponen en marcha para que un objeto, alargado y con colores  en un extremo, alcance  un blanco.

Es verdad, es tan hermoso  lo que sentimos cuando una flecha se dispara en una soleada tarde de primavera, que cuando lo narramos  a los oídos inexpertos les suena a inverosímil. Como creer que la mirada vuela con la flecha, que el corazón vuela con la flecha, que la mente rasga el aire con la flecha; que un blanco perfecto es un torrente de alegría que invade todo el espíritu del arquero; que esa experiencia puede ser similar a un primer beso con la enamorada o un sentido y profundo y prolongado beso de la compañera o del enamorado esposo. Como explicar que cada blanco perfecto te hace brincar por dentro si eres tímido y hasta por los aires si no tienes complejos; que es casi mejor o igual que un regalo en un día de reyes; o quizás aún mejor, es como si en un solo día pudieras alcanzar felicitaciones encadenadas, como si pudieras cumplir años sin límite o infinitos cumpleaños. Algo de infinito tienen la intensidad de esos momentos y, por supuesto, mucha intensidad la tensión del instante, de los intensos segundos en que preparas la flecha para la elegante danza del vuelo, y la mirada que se coloca alas, y alas en el aliento para que no yerre el trayecto.

CUANDO LA FLECHA SE CLAVA A SETENTA METROS, NACE EL ALMA DEL RITMO

Es real, es verdad: la belleza de la flecha describiendo un arco elíptico hasta el momento en que oyes el golpe seco sobre la diana. La belleza aumenta, crece, extiende la emoción como la piel de un tambor, según se amplía la distancia al parapeto, desde los treinta, cincuenta, hasta los setenta metros, por ahora. La había inmortalizado el cine, como bien nos recordaba nuestro amigo y compañero Fernando al principio de su último video colgado en nuestra página y en You Tube; pero para nosotros, los nuevos: Susana, Nazaret, Francisco, Ismael, José Luis -con su longbow-…, para mi mismo esta experiencia que será primigenia, antigua  el próximo domingo, será inolvidable. También para Miguel Ángel, que estrenaba en aire libre, su arco longbow en funda de piel, regalo de cumpleaños ( lo que hace triple la emoción porque al tensarlo su corazón palpitaba por sus dos hijas y “Graci”, su mujer, que tuvieron todo que ver en tan extraordinario evento); y Camilo, quizás  no era tan novísimo en el estreno del tiro con arco tradicional, pero si batió un récord de  longitud  en el arco elíptico, gracias a la suerte, con bastante fortuna, de la que todos nos alegramos.

Belleza y emoción que enriquece las sensibilidades y las alimenta. En el momento de tensar y soltar la cuerda que hará posible esa inolvidable curva, no pensamos que todo tiene un fundamento físico, científico, matemático: calculable a través de una ecuación, se nos olvida la definición que nos enseñaban, con paciencia profesores, maestros (a los que deberíamos estar agradecidos, sino a todos a algunos; y pensar que Marina ha elegido, seguro que por vocación, esa profesión hermosa: enseñar al que no sabe)…, mientras la mente pensaba en las “musarañas” -no sabíamos que eran pero nos las repetían padres y maestros, luego deben existir-. “La elipse es el lugar geométrico de los puntos del plano cuya suma de distancias a dos puntos fijos llamados focos es constante. A lo que deberíamos añadir la fuerza, el impulso (pura física) que despide a la flecha con el mejor de nuestros pensamientos para que dé en el mismo centro de la diana.

Pablo Romero con telescopio para ver impactos a larga distancia

“Si viene un golpe de viento, cuenta hasta diez, pues ninguna ráfaga de aíre dura más de diez segundos”, me explicaba Pablo, con paciencia de maestro  siempre nuevo, mientras colocábamos los bastidores, en el deseo de que la experiencia no naciera frustrada; que esa maravillosa, extraordinaria, nueva y hermosa experiencia que íbamos a vivir, se grabara en nuestra memoria, entre el galope de las nubes sorteando los rayos de sol, se esculpiera en nuestra alma cincelada por los potentes sonidos de la flecha al clavarse y que el aíre dejaba como sublimes notas rítmicas en nuestros apremiantes oídos.

Cuando la flecha se clava en la diana de setenta metros nace el alma del ritmo, consigues un sonido, ya, inigualable.

Autor: Manuel Muñoz Moreno

LA MAGIA DE HACER UN ROBIN

En todos los deportes y casi todas las actividades humanas existen mitos y leyendas asociadas a estos. En el tiro con arco las fantasías que lo acompañan siempre van ligadas a acertar en el lugar más imposible o al menos el más pequeño. Si a esto le añadimos el factor salvar la vida o el romántico de defender a los desvalidos, tenemos la ecuación perfecta cuya solución siempre es la historia que se cuenta en los libros, o la que se narra de generación en generación.

Las batallas de la Grecia clásica, las conquistas del imperio romano, el justiciero Robin Hood, los ejércitos mongoles o la figura del indio americano lanzando mil flechas contra el séptimo de caballería han sido argumento de innumerables páginas de la historia real y de la fantasía literaria. Ahora nuestros aciertos no proclaman vencedores ni vencidos, no conquistan territorios, no arrebatan al tirano los bienes robados al pueblo, tan solo nos otorgan los puntos que nos llevan al pódium, pero lo que si es cierto, es que cada vez que una flecha se desliza entre nuestros dedos buscando su destino, le guía en su vuelo la infinita nube de flechas lanzadas por nuestros antepasados.

Dentro de los mitos que todo arquero debe atesorar se destaca el llamado, “hacer un robin”. Esta proeza se consigue cuando una flecha impacta en el centro de otra, que se encuentra clavada en la diana. En ocasiones, puede ocurrir de forma fortuita. La dificultad está en hacerlo de manera consciente. En el tiro de precisión, las flechas utilizadas son tubos huecos de diferentes materiales, por tanto, hacer un robin es ser capaz de introducir un tubo dentro de otro. En los ensayos de la gala del deporte de Argamasilla de Calatrava preparábamos una exhibición basada en este mito. Construyendo tubos de cartulina de cinco centímetros de diámetro a modo de flechas, y colocándolos sobre la diana con objeto de acertar en su interior a una distancia de diez metros aproximadamente. Ajustando distancias en los ensayos, Angel García lanzó el reto de intentar hacer un robin real con una de sus flechas, la condición natural de los arqueros es intentar acertar en un punto lo más pequeño posible, y como cuando se le lanza un palo a un perro, minutos después todos estábamos tirando flechas entusiasmados al mismo tubo. La primera serie dejó impactos a escasos milímetros de la flecha objetivo, pero en una segunda serie, Francisco López, nuestro Robin Hood local, consiguió la proeza de “hacer un robin”. La pena fue que no había cámaras de video para inmortalizarlo, el único registro que quedará de ese momento, es una fotografía sacada con un móvil y este relato.

Francisco López

Quizás los que estábamos allí no hemos vivido en directo la conquista de un oro olímpico, ni el triunfo en el estadio de nuestro equipo de futbol en la final de cualquier competición, pero nos sentimos enormemente afortunados, porque cuando pasen los años y nuestras historias suenen a batallitas del abuelo Porretas, siempre podremos mirar a los arqueros noveles y decirles: ¡eh, que yo vi hacer un robin!.

Autor: José Fernando Buitrón

LA EMOCIÓN CONVERTIDA EN HERMOSO SENTIMIENTO (UN NUEVE DE MARZO, DÍA DEL DEPORTE, EN ARGAMSILLA)

¡Qué situación tan singular, que gran grupo protagonizándola!  La emoción,  una cualidad que adorna la actividad deportiva, ha sido para mí todo un descubrimiento. Y la lágrimas que derramé a solas porque me dio vergüenza verterlas delante de todos; y se las oculté a mi mujer y me salieron de madrugada, recordando las horas de la noche anterior. Se vuelcan con potencia en mi memoria Gracia, la primera, porque ella transmitió la importancia de ese momento pero estaban Pablo y Elisa, Fernando,    Quico y Rosa, José Antonio y Victoria, Ángel y  Carmen,  Mario y Toñi, José Luis, Miguel Ángel (mentor y observador de mis reacciones) y Marina. El mundo entero, pues todo el mundo con Begoña incluida estaba allí, y la emoción que me hacía no decir palabra: entonces cuando más se necesita te quedas absorto como  en otra ala de un edificio imaginario, viéndolos a todos y la emoción, hermosa eso sí, tan hermosa que se me salía del espíritu y quería irse en agua a través de los ojos. Pero aguanté, tal vez cobarde, hasta el amanecer para derramarlas  a solas. ¿Qué clase de personas hacen eso, hacer temblar a un adulto como a un niño? ¡Qué extraordinaria la actuación de nuestro cuatro arqueros: Fernando elocuente en sus explicaciones, la gente asombrada ante la complejidad  o sencillez de las armas  que se le presentaban; el disparo de Quico, haciendo un “robin en los ensayos (y perdiendo una flecha, que ya cuesta) y Ángel certero y todos certeros! Y la emoción que se desparramaba, se derramaba por todos los rincones por donde iba esta buena gente. Y yo que tenía prisa, que no quería que la emoción me desbordara, que sabía que me estaba conteniendo, que dudaba de mis fuerzas para no venirme abajo y llorar allí mismo o en el bar de Santi o en la calle Mayor. Y Gracia que sabía que estaba nervioso y poco centrado como un niño asustadizo que es lo que era. Y un grupo tan fuerte. Y esa armonía que se quedará grabada en mi memoria, en mis recuerdos que espero no se confundan jamás para que me duren hasta el final de mis días como un tesoro enorme. ¿Qué hace de una emoción una corriente capaz de sacudir a un grupo, elevándolo de nuevo a la infancia, a la niñez, haciéndolo de pronto otra vez joven, muy joven?  Y todos que iban enriqueciendo poco a poco esa hermosura, esa emoción hasta convertirla en belleza, en un sentimiento noble, hermoso y bello que nos embargará toda la vida. Ahora sé lo que otros han vivido antes que yo y lo que vivirán todos los que después reciban estos galardones. Y sé que sabré comprender hasta la raíz ese sentimiento que nos vuelve vulnerables y grandes y niños y jóvenes. Actos que siembran amistad, lazos de cariño fuertes, irrompibles como las cadenas que sujetaban al semidiós o titán Prometeo, pero para nosotros, amarrados a una roca de comprensión, de afecto y amor.

 Autor: Manuel Muñoz Moreno

LA ILUSIÓN QUE NOS HACE PERSONAS

Más que las cosas, que las actividades, lo importante es la ilusión que  ponemos en ellas. Eso  nos hace personas. Este pensamiento se lo escribía a Miguel Angel en un reciente correo electrónico y me animó a plasmarlo en este apunte. Todos participamos en las competiciones, en los días de formación, en entrenamientos de una ilusión desbordante por la actividad del tiro con arco. Siempre que no exista un problema ajeno que nos distraiga o desvíe la atención, nos volcamos, con cada detalle nos ilusionamos, y, parece mentira, pero esos nos hace más humanos, más personas: nos aleja de cualquier síntoma de embrutecimiento y nos eleva, igual que lo haría un concierto de hermosa música, o la lectura de unos bonitos versos o una extraordinaria novela o una bella película. Una razón más para amar este deporte.

José Luis Lizarbe (gorro Robin Hood), José Antonio Izquierdo

En algunos de nosotros la ilusión alcanza niveles imposibles, quiero destacar hoy ese espíritu inquieto y joven, (todos gozáis de la cualidad de la generosidad que pugna por hacerse más grande a cada minuto que pasa), pues también la tiene por cataratas José Antonio Izquierdo. Es ilusión inquebrantable la que tiene cuando ya va por su tercer o cuarto intento de buscar la madera idónea para hacerse su propio arco tradicional, la ilusión por que vaya acompañado de la ropa apropiada a tan importante elemento, de que las flechas lleven las mejores plumas; regala gorros a lo Robin Hood, es una cuestión de ir creando ambiente. Y los demás se nos abren, con ganas, los asombrados ojos e inmediatamente nos sumamos a ese nuevo espíritu “combativo”  que nos arrastra a primigenios recuerdos escritos en nuestros genes de cazadores antiguos o primitivos.

Esa ilusión que se arraiga y crece con la práctica del tiro con arco es el motor y el alimento de una dinámica que nos permite, además de crecer como personas, mantener la inquietud de la juventud, la inquietud por un aprendizaje continuo que aparta a manotazos firmes y contundentes los síntomas de la decrepitud, de la vejez que siempre aspira a ser prematura.

Autor: Manuel Muñoz Moreno

DESCUBRIENDO LA INTELIGENCIA EN LA EMPATÍA

El tiro con arco es un deporte  donde prima el esfuerzo individual, personal. Nadie, por mucho que lo intente, puede sustituir al otro deportista, al compañero en la forma de coger o soltar la cuerda que impulse la flecha o la forma de sostener el arco o la fuerza necesaria para plegar las palas al tensar la cuerda. De ahí, que con la convivencia  el grupo ayude  al desarrollo continuo de la empatía.

En el reino animal la empatía entre los individuos muestra el desarrollo de la inteligencia. A mayor empatía más capacidad intelectual (este dato es comprobable entre la distintas especies de mamíferos, donde ya es cuantificable esta cualidad) .   El tiro  con arco es un  deporte que exige mucha empatía, para que el atleta o deportista progrese es necesaria la colaboración de los que han pasado por fases similares y previas de perfección o de perfeccionamiento. Es por lo tanto un deporte que ayuda a mejorar nuestra inteligencia en todos los niveles. Creo, con humildad,  que en todos los niveles porque la empatía no sólo lleva parejo un mayor desarrollo de agudeza mental, sino también de crecimiento moral y ético, en una palabra, nos hace mejores personas (se nota en que la alegría y el bienestar están presente y son contagiosas). Para mí el desarrollo de esta empatía es poder alcanzar el más alto grado de humanidad: una meta necesaria, imprescindible si queremos tener futuro como especie, si queremos que el género humano progrese en el tiempo. (La falta de esta cualidad nos llevaría al mal gratuito y no tendríamos porvenir).

Visto así, tenemos muchas cosas que agradecer por poder  practicar deporte tan singular (no es cuestión de ser pretencioso sino señalar o destacar cualidades palpables de esta actividad). Pero para estas reflexiones siempre me baso en experiencias especiales, dignas de ser destacadas: habéis comprobado a Miguel Ángel, Quico, Pablo, Fernando, Arturo…, dando cursos de iniciación o pendientes de como desarrollamos nuestros ejercicios con el arco en los días de formación, tomando imágenes que nos permitan corregir defectos en la postura, con una paciencia y vocación infinitas, impagables, más todos los buenos calificativos que se os ocurran; pero también entre nosotros compartimos detalles: Sara explicándome como su monitora coreana indicaba de forma taxativa que se desarma el arco si ha saltado el clicker y no hemos disparado la flecha, o Marina la necesidad de mirar el clicker, (indicación de su padre Miguel Ángel), para concretar el esfuerzo en el tensado de la cuerda (…, muchos más que alcanzarán su nivel visible en otras líneas).

Y entre nosotros abundan las cualidades extraordinarias con ganas de ser compartidas: Mario, además de estar adornado con las calidades de la sencillez y la humildad, es un verdadero maestro a la hora de trenzar o realizar cuerdas para arcos; conocimiento del que no pretende sacar provecho sino compartirlo: un curso o varios para que aprendamos. Si os parece poco, también siente un gran amor por los animales,  ha regalado canarios ganadores en canto después de criarlos con el cariño y alimento, claro; cariño que tímidamente comparte con todos nosotros. Inteligencia y ética al servicio de los demás, empatía con mayúsculas.  

Autor: Manuel Muñoz Moreno

OTRA RIQUEZA:UN SECRETO A EXPLOTAR

Una competición como la del día 19 de febrero desata energías palpables, enormes. Giras la cabeza y notas las que vienen cargadas de ilusiones, de optimismo; te sientes triste con el decaído por unos fallos en los lanzamientos; saboreas la alegría del que supera con creces sus metas. Te informan de las insignias conseguidas porque no se cuántas veces ha superado los quinientos puntos. Todas tienen la importancia de las caricias: son como los abrazos, unos te levantan los ánimos  y el cuerpo -si pueden-, otros son de consuelo. Las enhorabuenas deberían surgir de todas las fuentes de los corazones que formamos los pocos, pero grandes componentes, de los clubes de Viarca y Puertollano como cataratas imparables y desbordantes sobre Quico, Maribel, Guillermo, Mario, Alvaro y María por los premios conseguidos; por supuesto a los cuartos, que son igual de importantes, de Marina, José Fernando y Angel con el compartí algunos días su puesta a punto para estar en esta competición. Y también sobre cada uno de los que pusieron ganas y consiguieron mejorar su palmaré particular y si no lo alcanzaron saben que tienen la fuerza de la ilusión de conseguirlo en los próximos retos (si encontramos una psicóloga o psicólogo que se aficione con nosotros a este deporte, a esta actividad y quiera prestar sus conocimientos, seguro, entonces, que nuestros egos serán las flechas y todo el parapeto el amarillo, y, otros serán entonces los maravillados con nuestras proezas). Pero sabéis que nos nos hace falta, que somos ricos enormemente ricos con las cualidades que cada uno de nosotros poseemos. Gracias a ellas la organización fue perfecta: callada labor la de Graci, controlando euro por euro y dando aún así el mejor bocadillo de jamón de las últimas competiciones. Callada labor la de Carmen, la de Toñi, ¿cuántos más se me olvidan? No faltarán líneas para cada uno en particular. Tenemos, por ejemplo, una extraordinaria preparadora física en Toñi (ojo, no lo hacen mal los que la sustituyen, Marina, Miguel Angel,.., bien es verdad que Marina un poco mejor que otros), todos los movimientos encajan, desparecen molestias, tirones que vienen de antiguo, se desperezan tendones, se afilan ligamentos y se relajan músculos. ¿No habéis observado que cuando ella hace los ejercicios preparatorios, los buenos sois aún mejores? Pues  ahí está el secreto que debemos explotar para las próximas competiciones. Y además lo hace sonriendo, riendo que es una manera de insulfarnos el gas del optimismo al cerebro, ¿necesitamos mejor terapia?.

Claro, ahora comprendo  el porqué Mario es el primero cuando tira con su arco, que son pocas, porque creo que no quiere que se sepa donde está el secreto de su éxito.

Autor: Manuel Muñoz Moreno

OTRA MIRADA: CUALIDADES EXTRAORDINARIAS.

Francisco López y Pablo Romero

Lo que más se agradece en estos tiempos convulsos, difíciles, donde la inseguridad se alimenta y se alienta desde todos los bordes o desde cualquier borde donde se asienta algo de poder, es la comunicación, la comprensión, ver una mano tendida, un poco de ayuda… Pues por raro que parezca todo esto se da en un deporte como el tiro con arco. Me comentaba Miguel Angel , presidente con alma (casi siempre el alma de los clubes de

Miguel Angel Guijarro

Argamasilla de Calatrava y Puertollano que con una armonía envidiable practican esta actividad), que cuesta, que ha costado llegar a mantener un poco de disciplina base del dinamismo que se da en sus miembros. Pero la corriente de profunda humanidad que anima a las personas es una riqueza inherente a cada uno de los miembros que de forma sistemática se reúnen para tensar un arco y buscar un acierto en una diana. Me contaba Guillermo sus inquietudes del qué hacer cuando terminara el bachillerato: academia de la guardia civil, universidad; ¿se serenó después de esas palabras? No sé, pero comenzó a acertar en el amarillo de la diana hasta encontrarse entre los mejores de ese día (como cuentan las crónicas). Sí, somos capaces de escuchar. Y de dar lo mejor de nosotros. Noto la generosidad, derramada a raudales, en Pablo cuando se vuelca en orientar a  Guillermo, o, haciendo de su camión la alfombra mágica que transporta parapetos y cariños con esfuerzos. O en Quico apoyando a José Ramírez, cuando el es uno de nuestros mejores valores en esta actividad; es de agradecer la sonrisa continua que transmite confianza a todos, pero  es impagable cuando se dirige a los más noveles; comparte lo que tiene y lo que sabe sin límite sin medida: es  comprensible que de tanto ensancharse su corazón le haya dado algún susto (ya sabemos que no será grave, sólo que lo tiene muy grande). Y de Mario y de Toñi… Cualidades tan extraordinarias estoy descubriendo que bien merece la pena irlas desgranando de poco a poco, que de golpe se os harían increíbles.

Autor: Manuel Muñoz Moreno

OTRA PERSPECTIVA (LOS VALORES DE LAS COMPAÑERAS)

Maribel, Carmen, Toñi y Elisa

El domingo, veintinueve de enero, tuve la suerte de que me situaran en el mismo parapeto en el que lanzaban sus flechas Carmen  y Elisa. Ese hecho sin transcendencia, cambiaría, sin embargo, mi perspectiva en el hacer de esta actividad deportiva. En la primera parte estuve imbuido (obcecado sería el adjetivo más adecuado) en lanzar flechas con resultados dispares, adversos, extraños, incompresibles para mi corta inteligencia y experiencia en este campo. Al final desilusión o desánimo o decaimiento; hasta que se acercó Maribel y con un gesto, sencillo, con ambas manos abriendo espacio entre la niebla que se enredaba en el entrecejo cejijunto que ensombrecía la mirada,  puso un contrapunto a ese tiempo. Y a partir de ahí, fui otro, escuchaba, atendía a las conversaciones de las compañeras de parapeto: los hijos, los estudios, la siempre difícil adolescencia (algo a lo que fui ajeno en las primeras horas) y veía con asombro como además daban en el dorado de las dianas con un gesto relajado. Extraordinario, tenían otra perspectiva, diría que más madura. Y fue entonces cuando supe en que estaba fallando: el arco andaba a su aire, jugando con la posición de la mano izquierda, se situaba donde era más cómodo para él, no par mí; y sí, comencé a ajustar la mano izquierda (parte de esta) a la firmeza del puño anatómico. Puse firme al arco desde el primer momento en que iniciaba el movimiento para comenzar la tirada, me olvidé de la cuerda y el punto de mira, de la suelta, del anclaje, todo empezó a  ajustarse por sí solo. No es que hiciera milagros, pero a ojos vista mejoraba y algún amarillo aparecía entre los aciertos. Estuve más relajado. Pero se quedaron preguntas en el aire (que quizás muchos sepáis la respuesta), ¿sí se centraran las compañeras sólo en el juego del lanzamiento de flechas -como nosotros hacemos-  nos superarían? Quizás cayeran en los nervios que a nosotros nos atan. O tal vez no, ya que son capaces de tener otras perspectivas, otra escala donde cambia el valor de lo importante.

Autor: Manuel Muñoz Moreno